México Distrito Federal

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México Distrito Federal

“Desde las diez ya no hay donde parar el coche 
ni un ruletero que lo quiera a uno llevar 
llegar al centro atravesarlo es un desmoche 
un hormiguero no tiene tanto animal”*

Varios son los nombres que ha recibido la capital mexicana desde su reconocimiento oficial en 1535, a diez años de la creación del Virreinato de la Nueva España. Entonces se refería a ella como la Muy Noble, Insigne, Muy Leal e Imperial Ciudad de México, establecida por una cédula real del emperador Carlos V y capital de todo un imperio en el que, por su vastedad,  nunca se ponía el sol. En el Acta de Independencia del Imperio Mexicano se la llamó Capital del Imperio. Después de la proclamación de la Primera República Federal, en 1824, cambió de apelativo por el de Distrito Federal, y pasó a ser sede de los tres poderes de la Unión. Finalmente, en enero de 2016, se la designó como Ciudad de México, o CDMX para abreviar.

Cierto trabajo nos cuesta a algunos, el cambio de nomenclatura del Distrito Federal por el de Ciudad de México. Hacíamos uso de uno u otro nombre indistintamente, mas, como chilangos, ¿hemos perdido el gentilicio “defeños” y el adjetivo que nos calificaba como “defectuosos”?  Este último apodo nos ha venido como anillo al dedo, pues es a todas luces claro, que hemos hecho un desastre de la alguna vez llamada “La Venecia Mexicana”. De los trescientos ríos, arroyos, riachuelos y diferentes caminos de agua que bajaban de las sierras Nevada, de las Cruces y Chichinautzin para alimentar los seis lagos de la Cuenca de México, –Texcoco, Chalco, Xochimilco, Xaltocan, San Cristóbal y Zumpango-, quedan apenas unos cuantos. Y de estos pocos, ¿de cuántos puede decirse que llevan aguas cristalinas? Por el contrario, sus exiguos caudales rebosan de espuma de detergentes y se ven interrumpidos por la maloliente cantidad de basura que se deposita en sus cauces. Los grandes ríos corren por debajo de viaductos y ejes viales, entubados y condenados a transportar las aguas negras y desperdicios de la gran capital. De aquellos seis lagos, mejor ni hablar. Se han venido desecando desde la Conquista y quedan apenas resabios de su anterior esplendor.

La ciudad moderna, paraíso para las flores de asfalto que preferimos el bullicio de la vida citadina, convive con infinidad de ciudades perdidas, instaladas a la sombra de grandes complejos residenciales, haciendo más evidente la desigualdad social. Asentamientos irregulares, deforestación, migración del interior de la República, rellenos sanitarios, contaminación, ambulantaje, inseguridad, indigencia, corrupción policíaca, falta de planeación urbana y de un transporte público eficiente, mendicidad, escasez de agua, sobreexplotación de los mantos acuíferos, falta de trabajo y explosión demográfica, entre otros factores, han contribuido a que la alguna vez llamada “Ciudad de los palacios”, se haya convertido en una masa abigarrada de construcciones, presa de especuladores inmobiliarios y de gobiernos corruptos a los que poco les ha importado la invasión de las laderas de las montañas, zonas ejidales, bosques y barrancas, muchas de estas últimas, repositorios de fauna y flora endémica que ahora han desaparecido bajo toneladas de concreto

Uno de los temas frecuentes en la obra de Naranjo es la Ciudad de México. La sobrepoblación, las inundaciones y la contaminación son asuntos retratados por él con el humor negro que le es tan propio. De entrada, provocan la risa, vistos más de cerca dan a pensar en lo que se ha convertido la megalópolis. De cara al inminente cambio climático a causa de la absoluta carencia de respeto al medio ambiente, ¿seremos capaces, como sociedad, de respetar lo que todavía es salvable y tratar de revertir el daño causado?

Fondos Reservados

*Fragmento de la canción México Distrito Federal de Chava Flores. 

2020-04-16T06:20:06+00:00 abril 16th, 2020|